El 4 de septiembre de 1970 Salvador Allende fue elegido presidente de la República de Chile con un 36.3%. Frei, presidente anterior, entregaba a Allende algo más que un cargo: ponía en sus manos un país económicamente maltrecho y una conjura, un complot en marcha.
Las amenazas de un golpe de Estado militar son anteriores a Allende, previas a las elecciones. Sin embargo durante el tiempo en el que se mantuvo en el poder hubo muchos conflictos, sin embargo los más cercanos al golpe de estado y que fueron detonantes para el mismo.
El triunfo de la Unidad Popular en las elecciones parlamentarias del 4 de marzo de 1973, que fue obtenido a pesar del complot nacional e internacional y de la desestabilización de la economía provocada por el paro de Octubre de 1972. El jefe del Partido Nacional, Sergio Onofre Jarpa había fijado como objetivo durante esas elecciones el aumento del poder parlamentario de la oposición, de manera de contar con los dos tercios del Senado, lo que le permitiría enjuiciar y destituir legalmente a Allende. Para lograrlo, entre el Partido Nacional y el Demócrata Cristiano deberían lograr entre el 60 y el 70% de los votos, lo que a su vez debería implicar bastante menos del 30% para la Unidad Popular.
El Partido Federado de la Unidad Popular sube hasta el 43.4%, más de siete puntos por encima de las presidenciales en las que había sido electo, en 1970. Con los resultados apuntados, la oposición, se quedó sin la posibilidad de derrocar legalmente a Allende.
Durante el mes de abril de 1973, se inicia una huelga de los trabajadores, en demanda de mayores salarios, en la mina de cobre. Esta dura 74 días y se convierte en uno de los elementos más desestabilizadores de la situación. En ese mismo mes no pasaba día sin que grupos uniformados, con pantalones y chaquetas de cuero negro, desfilen en formación militar, con sus banderas desplegadas al viento y sus puños con defensas de hierro y golpeando a cualquiera que los contradecía, o que replica a sus gritos contra el gobierno.
Al siguiente mes, en mayo. Chile comienza a tener una desestabilización, el Colegio Médico, con una dirección derechista proclama un paro de 48 horas, el cual es seguido por la mayoría de los profesionales, que llegan hasta el abandono de las guardias y las urgencias. Ante esto Prats advierte que la situación puede derivar hacia un golpe de estado.
En junio la Democracia Cristiana se vuelca con mayor decisión a las calles, encabezando a los mineros huelguistas de El Teniente y a los estudiantes de enseñanza media. Una de estas manifestaciones choca con jóvenes de la Unidad Popular y ambos bandos son disueltos por la policía con bombas lacrimógenas, carros lanzadores de agua y tanquetas.
Las calles de Santiago vuelven a ser escenario de fuertes enfrentamientos, con manifestaciones y contramanifestaciones. Para el 26 de junio se producen dos hechos enfilados directamente hacia el golpe de estado.
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